Imagen del criminal: Rafael Salillas y Panzano

Médico, con formación autodidacta de penintenciarista y criminólogo, su obra conduce a la creación de la Escuela de Criminología española. Su primera colaboración con el Dr. Simarro concretada en el libro “Manicomios criminales”, decide su vocación definitiva. Publica una serie de artículos en “El Liberal” y en la “Revista General de Legislación y Jurisprudencia” que reúne más tarde en su libro “La vida Penal en España” (1888). Incansable, da conferencias en el Ateneo de Madrid, una de las cuales “Antropología en el Derecho Penal” (1889), le señala como el introductor en España del Positivismo Criminológico de Lombroso.

En 1887 es encargado de organizar la Sección de Penitenciaría de la Exposición Universal de Barcelona y asiste en 1890 al Congreso Internacional Penitenciario de San Petersburgo, lo que le da la oportunidad de visitar los establecimientos penitenciarios de San Petersburgo, Moscú, Berlín y París.

Tras una primera etapa formativa de influencia netamente lombrosiana, propia de su tiempo, supera ésta y aún sintiendo gran admiración por el ilustre antropólogo de Turín, no está de acuerdo con muchos de sus conceptos y se aparta de las ideas etiológicas tales como atavismo y degeneración, para inclinarse hacia el concepto de Lacassagne y Aubry que conciben el delito como un fenómeno de génesis y naturaleza sociales desarrollado en un medio morboso individual o predisposición, rechazando de plano la idea lombrosiana del criminal nato. Es su etapa verdaderamente creativa, de experiencias personales y síntesis de sus observaciones.

Amplía sus ideas antropológicas físicas y psicológicas con la Lingüística. Tomando como base los hechos y el lenguaje ancestral de la picaresca española, la coteja con la lengua del hampa (la jerga) que compara con las lenguas primitivas como hacía Lombroso, estudiando su evolución (jerga-germanía). Cada vez sus tendencias le inclinan más hacia la Sociología. Identifica al hampón con el pícaro que tiene mucho del espíritu y constitución nacional y estudia las tres formas de parasitismo: mendicidad, prostitución y delincuencia. Llega por estos caminos a emitir su “Teoría Básica” donde en dos volúmenes desarrolla las ideas ya expuestas en otros trabajos anteriores. Para Salillas, el delincuente caracteriza las tendencias viciosas de la sociedad que lo ha engendrado. El delincuente es el producto desequilibrado del propio desequilibrio de la sociedad de que procede.

“El Tatuaje” es una de las obras más antropológicas de Salillas. En ella recoge no sólo las ideas de los diversos autores que ha conocido o leído, sino emite las suyas propias basadas en una investigación especialmente en un grupo de delincuentes. Para Salillas los tatuajes tienen una nobiliaria, militar, teocrática o religiosa, pero también hay una jurídica, que equivale a una identificación o marca de criminales y un tatuaje gremial o profesional. El tatuaje de los delincuentes es una representación de sus fechorías, una “viñeta gráfica de su hazaña o su destino”, escribe Foucault.

Cuando Salillas asistió al Congreso y Exposición penitenciaria en San Petersburgo en 1890, llevó una colección de calcos de tatuajes de delincuentes españoles.

~ por Amanda en diciembre 28, 2009.

Una respuesta to “Imagen del criminal: Rafael Salillas y Panzano”

  1. […] o genitales. Los homosexuales se suelen tatuar las nalgas según observaron Lombroso, Lacassagne y Rafael Salillas Panzano. La mayoría de los tatuajes que estudiaría este último serían en los centros penitenciarios […]

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