Imagen del criminal: Los tatuajes

En Antropología criminal se ha clasifiado el tatuaje en normal y anormal, según se practique en agrupaciones de hombres honrados o entre delincuentes. Hay una íntima relación entre el tatuaje y la claustración (cárceles, cuarteles, barcos). En el tatuaje normal lo corriente es que el individuo se tatúe una sola vez con un signo o símbolo de su profesión u oficio. En el delincuente la reiteración del tatuaje y las marcas variadas suelen ser la regla. Otro signo de los delincuentes suele ser la precocidad con que se tatúan. Lombroso observó que el 60 % de los delincuentes tatuados estudiados por él, lo habían hecho de los 7 a los 16 años. En el Reformatorio de Nápoles el 31 % de los jóvenes estaban tatuados y además eran los de peor conducta. Lacassagne halló precocidad en el 95 % de los casos estudiados por él.

En el tatuaje anormal varía también. Las prostitutas se tatúan los brazos, espalda, axilas, pubis o genitales. Los homosexuales se suelen tatuar las nalgas según observaron Lombroso, Lacassagne y Rafael Salillas Panzano. La mayoría de los tatuajes que estudiaría este último serían en los centros penitenciarios españoles, revisando, asimismo, la Colección Cabellud que comprendía 1500 fichas antropométricas, fotografías y señalamientos de delincuentes profesionales.

~ por Amanda en diciembre 28, 2009.

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