El Panóptico.

Jeremy Bentham, El Panóptico, 1791

momia de Jeremy Bentham

Inglés de finales del siglo XVIII que, además de niño prodigio en su infancia, escribió algunos de los tratados jurídicos más emblemáticos del Derecho moderno. En 1791 publicaría “El Panóptico”, un tratado sobre derecho penitenciario. El DRAE da la siguiente definición de “Panóptico”: “Dicho de un edificio: Construido de modo que toda su parte interior se pueda ver desde un solo punto”. Bentham diseñó un proyecto de cárcel revolucionario: un edificio en el que, desde un sólo punto, un vigilante podría conocer los movimientos de todos los presos. Al comienzo de su obra Bentham dejaba claro los objetivos de su tratado: “Si se hallara un medio de hacerse dueño de todo lo que puede suceder a un cierto número de hombres, de disponer todo lo que les rodea, de modo que hiciese en ellos la imipresion que se quiere producir, de asegurarse sus acciones, de sus conexiones, y de todas las circunstancias de su vida, de manera que nada pudiera ignorarse, ni contrariar el efecto deseado, no se puede dudar que un instrumento de esta especie sería un instrumento muy enérgico y muy útil que los gobierno podrían aplicar a diferentes objetos de la mayor importancia

Michel Foucault, Vigilar y castigar, nacimiento de la prisión, Siglo XXI, 2005

“El panóptico era un sitio en forma de anillo en medio del cual había un patio con una torre en el centro. El anillo estaba dividido en pequeñas celdas que daban al interior y al exterior y en cada una de esas pequeñas celdas había, según los objetivos de la institución, un niño aprendiendo a escribir, un obrero trabajando, un prisionero expiando sus culpas, un loco actualizando su locura, etc.

En la torre central había un vigilante y como cada celda daba al mismo tiempo al exterior y al interior, la mirada del vigilante podía atravesar toda la celda, en ella no había ningún punto de sombra y por consiguiente, todo lo que el individuo hacía estaba expuesto a la mirada de un vigilante que observaba… el panoptismo que, en mi opinión, es uno de los rasgos característicos de nuestra sociedad: una forma que se ejerce sobre los individuos a la manera de vigilancia individual y continua, como control de castigo y recompensa y como corrección, es decir, como método de formación y transformación de los individuos en función de ciertas normas. Estos tres aspectos del panoptismo –vigilancia, control y corrección- constituyen una dimensión fundamental y característica de las relaciones de poder que existen en nuestra sociedad”.

El panóptico: la mirada y el poder

por Lucas Misseri

En la sección denominada “El Panoptismo” del libro Vigilar y Castigar, Michel Foucault hace un trazado impecable de lo que implica la invención del panóptico. Se considera inventor de tamaño artificio a Jeremy Bentham, filosófo utilitarista inglés, quien lo describió junto con sus ventajas en su libro homónimo.

¿Qué es el panóptico? Originalmente la palabra define a una construcción arquitectónica dispuesta de modo tal que, si su base conforma un círculo, desde el centro se puede observar toda la periferia (del griego pan, todo; y optikon, del verbo optázo, ver). La característica más llamativa del panóptico no es sólo la economía en los observadores necesarios para ver la “totalidad”, sino que este mismo observador no es visto.

Estas construcciones se pensaron prim ordialmente para cárceles, pero según destaca el pensador francés, se extendieron a las fábricas y las escuelas. En la prisión un solo observador controla a todos los presidiarios. Se pasa del modelo medieval de la oscuridad a uno de la luminosidad, de la visibilidad del apresado. Pero Foucault advierte que esa visibilidad es una trampa. Quien está preso “Es visto, pero él no ve; [es] objeto de una información, jamás sujeto en una comunicación”.

Este me parece que es el punto más hórrido del panóptico, dado que ahí es donde está en juego la asimetría de la relación de poder entre el vigilante y el vigilado. Puesto que, incluso hasta en algunos momentos el mismo vigilante es prescindible, sólo hace falta que el vigilado, que no puede ver al vigilante, crea que él está allí. Esa creencia es estimulada por el dispositivo arquitectónico.

Foucault considera que probablemente Bentham se inspiró en un zoológico que tenía esa disposición en Versalles, de un tal Le Vaux. No obstante, considero que hay un antecedente del panóptico en Bacon y en Campanella, un siglo antes. Ese es el principal aporte de este pequeño escrito, dado que el estudio de Foucault es muy completo y bien documentado.

Como decía, Francis Bacon y Tommaso Campanella (contemporáneos) fueron autores de utopías y filósofos proto-empiristas, con residuos del pensamiento mágico renacentista. Los dos notaron la relación entre el conocimiento y el poder. Son famosos los aforismos de Bacon que destacan esa relación, pero no ocurre lo propio con Campanella, quien afirmó en su De Monarquía Hispánica que “el conocimiento del mundo es la mitad de su posesión”.

En su texto La Ciudad del Sol (1602-1623) Campanella, siguiendo a la Sforzinda diseñada por Filarete, traza una ciudad de base circular con siete murallas concéntricas. En el centro de los círculos, en el lugar del vigilante, el filósofo calabrés situó el templo. Esto es coherente con su pensamiento que considera que el gobierno terreno y divino debe recaer en una sola cabeza, la que denomina Hoh o Metafísico. No obstante, hay un aspecto distinto en el p anóptico campanelliano: en la cara interna de las siete murallas, donde se situarían las celdas, ya no hay prisioneros, sino representaciones gráficas que conforman una enciclopedia natural y humanística del mundo. Todos los solarianos pueden ver las murallas, sobre todo los niños. Ésta es una forma particular del panóptico aplicado a la pedagogía.

En el caso de La Nueva Atlántida de Bacon (1627, póstuma), aparece la asimetría que no está presente explícitamente en Campanella. Este juego dialéctico entre ver sin ser visto y ser visto sin ver. Desde los antiguos griegos la visión está asociada al conocimiento. Incluso el término theoria, en una de sus acepciones, significa “visión”; lo mismo que el término “idea”, que viene del verbo eido: ver, mirar, observar. De este modo, parece que el mejor mundo posible en una relación de poder está en conocer/ver sin ser conocido/visto. Exactamente eso es lo que sucede en la Nueva Atlántida.

En la isla imaginada por Bacon, los neoatlantes tienen un colegio denominado Casa de Salomón, que reúne a especialistas en diversas materias. Un número reducido de estos viaja anualmente de incógnito a distintos países, con nombres y nacionalidades falsas, para averiguar los avances científicos extranjeros. Los neoatlantes conocen pero sin ser conocidos, dado que mantienen una rígida política de aislamiento. Su isla es el panóptico del mundo.

Pese a que en la actualidad podría decirse que se reconoce la necesidad de abandonar el aislamiento y de compartir la información (es decir, dejarse ver para poder ver más, incluso más de nosotros mismos) esto no implica en absoluto el fin de los panópticos. Sin embargo, ya no son dispositivos arquitectónicos necesariamente, sino otro tipo de tecnologías. Hay satélites que pueden reconocer el movimiento de mis dedos mientras tecleo estas páginas, y que yo ni siquiera percibo. Hay millares de ojos que mirarán estas páginas. Todo lo que decimos queda registrado, cada uno de nuestros mensajes, nuestra voz, nuestras cartas de amor, nuestras discusiones, nuestros enojos ante los telemarketers. La única cura contra la paranoia pareciera consistir en refugiarnos en nuestra insignificancia, en pensar que el vigilante no da abasto para recordarnos a todos y revisar todos nuestros registros. Ahí podría llegar a haber un espacio para la libertad: cuando sabemos que el vigilante no mirará porque se aburre o porque tiene algo mejor que ver.

“El panóptico, recordemos, aparece primero como modelo de arquitectura industrial (y no carcelaria) inventado por el ingeniero naval Samuel Bentham, hermano del filósofo Jeremy Betham, en 1786 respondiendo al encargo del príncipe ruso Grigori Potemkin. Se trata de una “casa de inspección” industrial diseñada para maximizar la vigilancia, el control y la enseñanza de los obreros de un poblado-fábrica. […] A partir de este modelo original se crearán a lo largo de los siglos XIX y XX centros escolares y disciplinarios como la cárcel de Rahway, New Jersey, en Estados Unidos, las cárceles e Dubín, Bogotá o la Isla de Pinos en Cuba, o la cárcel de Mataró, diseñada por Elies Rogent, entre otros. Para Foucault, el panóptico no es un simple centro disciplinario. Es el modelo del poder-saber disciplinario como “ortopedia social” (1): el poder y sus modos específicos de conocimiento y vigilancia se materializan en una arquitectura exterior (ya tome esta la forma final de la prisión, el colegio, el hospital, el cuartel o la fábrica) que automatiza el moviiento, controla la mirada, temporaliza la acción y ritualiza las prácticas cotidianas. La finalidad de tales arquitecturas no es dar hábitat ni representar al individuo, sino que, como auténticos dispositivos performativos, tienden a producir el sujeto que dicen que albergan. ” Beatriz Preciado, Testo Yonqui, Espasa, Madrid, 2008, págs. 133-134

Para Beatriz Preciado actualmente estamos ante una forma de control socia pop por oposición al control frío y disciplinario que Foucault había caracterizado con el modelo de prisión de Jeremy y Samuel Bentham. El diseño original de la plaqueta de la píldora anticonceptiva guarda una similitud con el panóptico, siendo la píldora el panóptico comestible y la nueva farmacopedia la forma de control social. “La píldora (como lo es el Prozac, el Viagra, el Tepazepam, o la Ritalina) es el laboratorio estatal miiaturizado instalado en el cuerpo de cada consumidora. Se lleva a cabo de este modo el derrumbamiento de las instituciones de reclusión que anunciaron Deleuze y Guattari en su epólogo Mil Mesetas. Ahora ya no es necesario encerrar al individuo”. Beatriz Preciado, op cit., pág. 135

Las diferencias entre el sistema disciplinario y el farmacopornográfico, son que mientras el primero supone una posición del cuerpo en el espacio regulado, que crea posiciones de poder, y permite generar un saber acerca de los individuos controlados; en el otro, el dispositivo se ha reducido hasta convertirse en una técnica biomolecular consumible. “El cuerpo se traga el poder”. pág. 135

(1) Michael Foucault, La verdad y las formas jurídicas, Gedisa,Barcelona, 1995, pág. 98.

~ por Amanda en noviembre 29, 2009.

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